VIVERO “NIÑOS DEL LAGO”

Ellas y ellos siembran, cuidan y luego plantan con el fin de reforestar el bosque dañado por los incendios habituales sobre todo en los meses de verano. Son verdaderos productores de plantas nativas y ganaron por su acción el Premio Presidencial Escuelas Solidarias.

 

Todo comenzó hace mucho tiempo, en 2006, cuando un incendio afectó las cercanías de su escuela. La comunidad educativa entera se movilizó para reparar los daños y llegaron a sembrar 300 plantines de radal, maitén, calafate, lenga y alerces, entre otros que plantaron unos años después.

 

La institución abrazó esa hermosa práctica y la continuó dando un significativo ejemplo de cómo desde la escuela es posible crear conciencia y modificar hábitos que restauren nuestra Casa común.

 

La Ley de Educación Ambiental aprobada el 8 de junio en Argentina contribuirá sin duda a multiplicar por cientos y miles estas experiencias y a movilizar más compromisos.

Fuente: Clayss

 

PARA SABER MÁS

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- ¿Conocés los árboles que son especies nativas de tu comunidad? 

- ¿Plantaste un árbol alguna vez?

- ¿Te propondrías alguna acción con tu comunidad educativa para restaurar algún daño ambiental de tu pueblo o localidad?

 


 

Leé con tu familia y tu grupo, reflexioná y dialogá.

“Si una persona, aunque la propia economía le permita consumir y gastar más, habitualmente se abriga un poco en lugar de encender la calefacción, se supone que ha incorporado convicciones y sentimientos favorables al cuidado del ambiente. Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad.

No hay que pensar que esos esfuerzos no van a cambiar el mundo. Esas acciones derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente.  Además, el desarrollo de estos comportamientos nos devuelve el sentimiento de la propia dignidad, nos lleva a una mayor profundidad vital, nos permite experimentar que vale la pena pasar por este mundo.” Papa Francisco (Laudato si 211-212)

 


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