EL VÍA CRUCIS DEL PUEBLO MAPUCHE

El violento desalojo de la tierra de las hermanas Natividad y María Antual Albornoz, mapuches de  Carrilafquen,  localidad rionegrina cercana a Ingeniero Jacobacci, moviliza —en plena Semana Santa— por la defensa de sus derechos a sus hermanos y a cuantos trabajan por la Justicia, la Paz y la integridad de la Creación en el lugar comprometidos  con  la defensa de la vida y la remoción de tantas situaciones injustas, violentas y contrarias al proyecto del Reino.

 

La Coordinadora del Parlamento Mapuche en Río Negro, la Asamblea en Defensa del Agua y el Territorio y organizaciones religiosas de Misioneros Claretianos se solidarizaron con la causa y quieren aportar una lectura creyente y crítica capaz de rastrear las causas profundas de los problemas que afectan a la población empobrecida, que devastan los recursos de la Tierra y destruyen el ambiente que nos da vida. Sus sufrimientos  son los sufrimientos de Jesús, que contemplamos especialmente en estos días.

 

 


 

PARA SABER MÁS

Recogemos aquí el testimonio de una joven voluntaria que, como testigo, ofrece su mirada sobre los hechos y da cuenta de su profundo compromiso misionero, pascual y cargado de Esperanza.

 

“Mi nombre es Valentina Vidal, tengo 23 años y soy de la Ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. Actualmente me encuentro en Ingeniero Jacobacci, Río Negro realizando una experiencia de voluntariado en misión compartida junto a los Misioneros Claretianos. Llegué a esta tierra el 24 de marzo, día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia en Argentina.

 

Cumplida una semana de estar acá, nos enteramos por medio de la Asamblea por el Agua y el Territorio (espacio del cual participan personas de la comunidad) que había un intento de desalojo a dos mujeres del pueblo mapuche. Respondiendo a esa necesidad concreta, nos acercamos al territorio y nos pusimos al servicio para acompañar, sostener y estar junto a esa familia.

 

Pasados los días, fuimos conociendo a la Lof (comunidad) Antual-Albornoz y a su situación de resistencia, que lleva ya 11 meses, por la recuperación del territorio, realidad que atraviesa históricamente al pueblo mapuche. Se trata de dos mujeres afectadas por esta situación, violentadas y vulneradas en su derecho indígena de recuperar el lugar donde su familia creció y vivió. A partir del intento de desalojo que llevó a cabo la fuerza de seguridad (con la presencia de jueces y fiscales) de forma irregular y violenta, lograron sacar a una de las hermanas bajo engaños y con promesas de una audiencia que nunca llegó. Hasta la fecha, María no pudo volver al territorio, mientras que Natividad continúa la resistencia dentro de su ruka (casa) rodeada de policías.

En este contexto es que algunos vecinos y vecinas, organizaciones sociales, diversos movimientos que vienen acompañando, luchando y defendiendo el derecho indígena y nosotros -como seguidores de un Jesús comprometido con su pueblo en obras concretas, nos acercamos al territorio para acompañar a estas dos mujeres en sus reclamos y denuncias.

 

 

Los distintos movimientos nos unimos con el objetivo de exigir una Mesa de Diálogo entre las partes, para lograr que María vuelva a su campo junto a su hermana, para exigir que se aplique la Ley 26.160, para que se tenga en cuenta el derecho indígena y para que se logre recuperar el territorio que les pertenece. Para alcanzar todos estos objetivos se convocó un acampe en la tranquera del camino al territorio, medida que quiere ser expresión de la presión social, de la fuerza de lo colectivo, de la indignación política y de la solidaridad para con las comunidades que hoy día sigue luchando por la dignidad de un pueblo que se niega a desaparecer.

 

Esta situación de vulneración de derechos de un pueblo que fue y sigue siendo oprimido, me interpela como voluntaria, como mujer y como trabajadora social.

 

Como voluntaria me atraviesan las opciones de Jesús, que nos invita a comprometernos ante el clamor del pueblo, clamor que se manifiesta en múltiples necesidades y problemáticas presentes en los sectores marginales y excluidos, en las minorías de nuestro país. Un Jesús cuestionador de las estructuras, de las relaciones de poder, de las injusticias. Un Jesús que abraza la diversidad de personas y culturas, que nos invita constantemente a trabajar con otros en la construcción de un Reino en el que todos y todas gocemos de los mismos derechos. Un Jesús que denuncia, que proclama la liberación y que construye miradas y sentires comunes. Hoy, en Ingeniero Jacobacci, este clamor es concreto, tiene rostros, tiene historia, tiene víctimas y victimarios y es ahí donde se nos invita a ser como Jesús: a poner la mirada, el cuerpo y la voz. Y a vivir una fe que se expresa en la articulación con otros, con la certeza de que la construcción de ese Reino no la hacemos solo quienes nos reconocemos católicos, cristiano o creyentes, sino todos aquellos que se unen en estas causas.

 

Como mujer, me indigna y me duele el accionar de las fuerzas de seguridad, la vulneración de derechos, la ausencia de una perspectiva de género, la perpetuación de la violencia contra las mujeres. Pero también me admira la fuerza de María y Natividad, su valentía, su persistencia, su ser mujeres-protagonistas. Sus certezas, como agentes de cambio.

 

Y como trabajadora social me convoca la lucha en clave de derechos humanos, de reparación histórica, de visibilización  de la historia del pueblo mapuche, la expresión de hacer memoria y construir puentes de comunicación y trabajo en red que promuevan distintas perspectivas, miradas y caminos en pos de la construcción de un mundo igualitario, justo y transformador de la sociedad.

 

No es un hecho ajeno que esta situación se esté dando durante la Semana Santa y eso me lleva a reflexionar sobre cómo actuaría Jesús, dónde estaría él y cómo denunciara esta injusticia. Como misionera, es un privilegio poder compartir este espacio de lucha con el pueblo mapuche, no solo por las conversaciones, los vínculos y las andanzas colectivas, sino por lo rico de nutrirnos desde la espiritualidad del otro, de sus creencias y del poder reconocernos hermanos y hermanas. Creo que como seguidores de un Jesús cuya praxis fue histórico-política, debemos ser conscientes de la historia de nuestra Iglesia, ser críticos y a la vez generadores de cambio y de transformación, construyendo una historia diferente.”

 

 

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De pie con el mate compartido entre las manos, Valentina Vidal, voluntaria claretiana, en medio del acampe; que aún ante el dolor del despojo y la violencia encuentran en el abrazo cálido y comprometido, la fuerza para seguir dando vida y venciendo a la muerte.

foto @kitiblumenkranc

 

 

 


 

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